Después de bastante tiempo reabro el chiringuito, aunque ojalá pudiera hacerlo de mejor humor. Haciendo memoria recuerdo que hace ya unos años un profesor de la facultad nos dijo que el estudio se convertía en una actividad estéril cuando únicamente perseguía la autocomplacencia intelectual; pues bien según parece parte del cuerpo docente no comparte esta sencilla idea y otros tenemos que tragarnos las consecuencias.
Bueno la cosa fue como sigue, imagínense una clase de 30 y pico alumnos (asistentes obviamente, los matriculados son casi 100) en estado semi catatónico tras 6 horas seguidas de clase, a los que se dice que el día de apertura del curso universitario (día de “apertura” en el que todo está cerrado) deben acudir a una conferencia que se celebra en el salón de grados. En otras circunstancias no ocurriría nada, pero lo gracioso del tema es que se les obliga a asistir bajo la amenaza de suspenso; estas prácticas intimidatorias que eran comprensibles cuando éramos unos trogloditas de secundaria, o animales de primaria no tienen demasiado sentido cuando te empieza a crecer la barba, pero por lo visto en la universidad todavía son necesarias.
Aproximadamente la mitad de los que escuchamos el bando hicimos de tripas corazon, y nos levantamos a las 8 de la mañana para estar presentes en el gran evento a las 9. Como ya he dicho antes, la universidad estaba cerrada a cal y canto, así que tras encontrar una puerta que se abría, me encontré de bruces con un imbécil (también conocido como guardia de seguridad) que me dejó en la calle puesto que, por lo visto yo debía llevar la mochila llena de granadas. Cuando me dirigía hacia un banco, a esperar a que steven seagal entrara en razón, acudió velozmente el profesor convocante llamándome a voces para evitar perder a un espectador- relleno para la conferencia.
A las nueve, cuando ya estábamos todos en el redil empezó el espectáculo, durante las 11 horas de conferencia descubirmos varias cosas:
1. La mayoría de los desgraciados que estábamos allí no entendíamos ni la cuarta parte de lo que se decía allí, más que nada porque la conferencia era a nivel de master o de doctorado, así que los muchachos y muchachas de segundo de carrera no lo pasaban mucho peor que los veteranos; de forma que sólo se me ocurre que el motivo por el que estábamos allí era para que no quedase muy vacio el salón de grados.
2. El becario, es una subespecie dentro de los departamentos de una universidad, consistente en un esclavo moderno que cuando empieza a adentrarse en el mundillo de la docencia descubre que 3 años estudiando un doctorado sirven para hacer de operador de cámara y servir vasos de agua.
3. Las intervenciones en una conferencia se desarrollan mutatis mutandis de la siguiente forma: un tipo empieza a cantar las glorias del que va a intervenir a continuación, mientras el aludido no para de asentir con media sonrisa en los labios, una vez a terminada esta presentación el aludido recuerda que lo que ha hecho en su vida no es tan importante como la ha pintado su introductor, a la vez que afirma que su tema es el más complicado e interante de cuantos se van a tratar. Tras media hora de monólogo (en el panfleto pone que iba a ser una mesa de debate), el orador se da cuenta de que ha ocupado parte del tiempo del próximo orador lo que significa que, para equilibrar el horario la pausa prevista se va a suspender.
4. Las preguntas que se hacen tras las intervenciones no tienen la finalidad que persiguen las preguntas del resto de mortales, a saber obtener respuestas, sino que lo que pretenden es que, por un lado el que la formula demuestre todo lo que sabe, al hacer una pregunta que nadie salvo él entiende, y por otro lado el que la contesta demuestre todo lo que sabe al responder con una parrafada que no tiene nada que ver con la pregunta que se le ha formulado (estas conversaciones en las que se responde a lo que no se ha preguntado, creo que se llaman conversaciones de besugos).
Tras 11 monótonas horas mirando al techo, al suelo, al conferenciante (ocasionalmente), al compañero de al lado que estaba igual de desesperado... el casigo tocó a su fin y los chicos y chicas relleno pudieron volver a sus hogares con la certeza de haber desperdiciado un día de su vida y haber ayudado a su querido profesor para que su conferencia (en términos de aforo) no fuera un fracaso.
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